Internet es una herramienta muy valiosa para los jóvenes en cuanto a compartir intereses e inquietudes con otras personas, puesto que permite superar las barreras físicas a la vez que facilita el contacto con usuarios afines. En este sentido, es fácil encontrar grupos o comunidades en línea de carácter social, educativo o de ocio en los que enriquecerse y desarrollar esos gustos e intereses, aunque también existen grupos con un trasfondo perjudicial, al tratar temas peligrosos o inapropiados para los menores, como por ejemplo:

Promoción de la intolerancia, discursos de odio, la discriminación y la violencia por motivos étnicos, políticos, religiosos, de género, de identidad sexual, de clase social, etc.

Movimientos proanorexia, probulimia, de promoción de alcohol y drogas, de incitación a la participación en retos peligrosos, de fomento de la autolesión y el suicidio, etc.

Incitación al abuso sexual de los menores, la justificación de esas conductas, la captación de posibles víctimas, la desensibilización de los menores frente a contenidos sexuales y pornográficos.

La difusión de noticias falsas puede causar desinformación o alarma social.

Comunidades que promueven retos virales extremos, como autolesiones, desafíos ilegales o prácticas riesgosas. 

Este video recopila y explica varios de los retos más peligrosos, como el Blackout Challenge, el Benadryl Challenge, el Fire Challenge, entre otros. https://www.youtube.com/watch?v=SvuwYoPjKjE  

Prevención

 A través de la educación y del diálogo en familia se puede enseñar a los hijos a contrastar información e identificar fuentes de confianza. Con ello, lograremos que el menor no sea un consumidor pasivo de contenidos y, por tanto, sea menos manipulable.

Esta tarea ha de ser bidireccional: por un lado como padres o tutores podemos compartir nuestras experiencias y conocimientos con ellos, tratando de ser un modelo a seguir para ellos. Por otro lado, debemos escuchar y entender sus inquietudes y la manera en la que se comunican con sus iguales.

 Algunos de estos cambios pueden ser los conflictos de identidad, la desconfianza, la necesidad de atención, el aislamiento o la bajada del rendimiento escolar. Todos ellos pueden ser avisos de problemas que no estemos detectando directamente y tras los que puede camuflarse el contacto con alguna persona, grupo o comunidad peligrosa.

A través de la educación y del diálogo en familia se puede fomentar aspectos como la empatía, los valores de convivencia y el respeto al que piensa diferente. Así, les orientamos para que sean conscientes de la existencia real de riesgos y de su capacidad de gestión emocional ante contenidos y relaciones que de otra manera pueden sobrepasar al menor e, incluso, confundirle derivando en comportamientos y actitudes no deseables.

Cómo reaccionar ante una comunidad peligrosa

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